Hoyo de La Mina

Hoyo de La Mina

Hoyo de la Mina era un abrigo situado en la cantera de la fábrica de cemento incluida dentro del conjunto arqueológico de La Araña, en la Bahía de Málaga, pero que ya está desaparecido.

Miguel Such, un gran erudito de principios del siglo XX, dio los primeros pasos en la investigación de Hoyo de la Mina encontrando un collar de nueve mil cuentas procedentes de un enterramiento. Diversos periodos de excavación se han sucedido posteriormente, la mayor parte realizadas por el Área de Prehistoria de la Universidad de Málaga y por el que podríamos llamar el gran sucesor del Sr. Such, Julián Ramos.

La última excavación se hizo en el año 2000 y dio unos resultados sorprendentes: se halló un enterramiento de época neolítica con tres personas, una de las cuales era una mujer embarazada junto a su hijo, así como su correspondiente ajuar funerario. A destacar de éste es la pequeña vasija que se encontró cerca del enterramiento y en cuyo interior apareció un lápiz de ocre entero y que es único en Europa. Las demás piezas del ajuar consistían en tres vasijas, un hacha, un molino para moler el grano y tres brazaletes de caliza.

Este enterramiento quedó con el paso de los años integrado en la roca, conservándose a modo de cápsula del tiempo tal cual fue depositado hace unos 6000 años.

La reproducción de uno de los esqueletos, del lápiz de ocre, de la pequeña vasija y de los brazaletes podemos contemplarlos actualmente en el Centro de Interpretación de los Yacimientos de la Araña.

Redactado por: Rocío Carmona, arqueóloga.

Castellum Romano de Santillán

Castellum Romano de Santillán

Junto al antiguo manantial de Santillán en Mollina, nos encontramos el Castellum romano del Capiruzón. Su construcción se inició durante los siglos I-II d.C. como villa rústica, con un conjunto de estancias articuladas en torno a dos grandes habitaciones y dos aljibes.

Esta villa era la vivienda de una familia de la clase dominante, conformada por el propietario y los a él vinculados: mujer, hijos, libertos y esclavos, así como los animales domésticos, por lo que no sólo era un lugar para habitar, sino que también constituía un centro de explotación agrícola y de intercambio comercial; su estructura sería un antecedente del cortijo.

El segundo nivel de construcción (siglo III d.C.) se corresponde con una fortificación amurallada de planta cuadrada con torres también cuadradas en las esquinas.

Esta arquitectura militar surge en un período en que el Imperio romano se muestra incapaz de mantener la seguridad tanto en las fronteras como en el interior de las provincias ante las repetidas invasiones sufridas por la Bética.

Termas Romanas de Alameda

Termas Romanas de Alameda

Las Termas romanas de Alameda, es un importante yacimiento arqueológico datado entre el siglo I a.C. y el IV d.C., declarado Bien de Interés Cultural y Monumento Nacional.

En dicho yacimiento se observan dos fases constructivas de diferente cronología. Por un lado, de la Edad del Cobre, se conservan una treintena de fosos excavados en la roca. En un principio, se interpretó como una necrópolis (zona de enterramientos), aunque posteriores estudios, teniendo en cuenta la tipología y los restos hallados en su interior, parecen atribuirlos a silos (hoyos para conservar grano).

Por otro lado, de la fase romana nos encontramos con unas instalaciones termales y un conjunto de edificios públicos. Además recientes excavaciones constatan la presencia de una zona industrial donde predominan las piletas.

El complejo termal se delimita mediante muros construidos con sillares. El recinto tiene planta rectangular, pavimentos de “opus signinum” (aparejos usados en arquitectura romana) y muros medianeros realizados mediante “opus incertum” (técnica constructiva romana irregular). De este edificio, considerado público por su entidad, se conservan diversas estancias absidadas y también varios “hypocausta” (sistema de calefacción del suelo) con sus característicos pilares de ladrillos. Se puede distinguir todavía parte de las salas principales como el “frigidarium” (baño frío) y el “caldarium” (baño caliente).

El sector público descrito se consolida a lo largo de los dos primeros siglos de nuestra era, pasando más tarde a manos privadas con la aparición de una zona industrial. El máximo exponente de esta área productiva son las piletas que se han podido documentar; de “opus caementicium” (hormigón romano), algunas tienen forma cuadrangular, mientras que otras son más irregulares.