Junto al antiguo manantial de Santillán en Mollina, nos encontramos el Castellum romano del Capiruzón. Su construcción se inició durante los siglos I-II d.C. como villa rústica, con un conjunto de estancias articuladas en torno a dos grandes habitaciones y dos aljibes.

Esta villa era la vivienda de una familia de la clase dominante, conformada por el propietario y los a él vinculados: mujer, hijos, libertos y esclavos, así como los animales domésticos, por lo que no sólo era un lugar para habitar, sino que también constituía un centro de explotación agrícola y de intercambio comercial; su estructura sería un antecedente del cortijo.

El segundo nivel de construcción (siglo III d.C.) se corresponde con una fortificación amurallada de planta cuadrada con torres también cuadradas en las esquinas.

Esta arquitectura militar surge en un período en que el Imperio romano se muestra incapaz de mantener la seguridad tanto en las fronteras como en el interior de las provincias ante las repetidas invasiones sufridas por la Bética.