Las Termas romanas de Alameda, es un importante yacimiento arqueológico datado entre el siglo I a.C. y el IV d.C., declarado Bien de Interés Cultural y Monumento Nacional.

En dicho yacimiento se observan dos fases constructivas de diferente cronología. Por un lado, de la Edad del Cobre, se conservan una treintena de fosos excavados en la roca. En un principio, se interpretó como una necrópolis (zona de enterramientos), aunque posteriores estudios, teniendo en cuenta la tipología y los restos hallados en su interior, parecen atribuirlos a silos (hoyos para conservar grano).

Por otro lado, de la fase romana nos encontramos con unas instalaciones termales y un conjunto de edificios públicos. Además recientes excavaciones constatan la presencia de una zona industrial donde predominan las piletas.

El complejo termal se delimita mediante muros construidos con sillares. El recinto tiene planta rectangular, pavimentos de “opus signinum” (aparejos usados en arquitectura romana) y muros medianeros realizados mediante “opus incertum” (técnica constructiva romana irregular). De este edificio, considerado público por su entidad, se conservan diversas estancias absidadas y también varios “hypocausta” (sistema de calefacción del suelo) con sus característicos pilares de ladrillos. Se puede distinguir todavía parte de las salas principales como el “frigidarium” (baño frío) y el “caldarium” (baño caliente).

El sector público descrito se consolida a lo largo de los dos primeros siglos de nuestra era, pasando más tarde a manos privadas con la aparición de una zona industrial. El máximo exponente de esta área productiva son las piletas que se han podido documentar; de “opus caementicium” (hormigón romano), algunas tienen forma cuadrangular, mientras que otras son más irregulares.